Los copistas de música, un oficio con historia

¿Qué son en realidad los copistas de música?

Cuando hablamos de copistas de música, nos referimos a los músicos que se encargan de reproducir, imprimir, transcribir y organizar la música para que pueda ser interpretada. Busca conseguir que la música sea lo más presentable posible para el intérprete, solucionando todos los problemas que puedan aparecer.

Un copista tiene que conocer la práctica de notación de cada instrumento, así como todas las variaciones de estilo de escritura y composición. Debe tener también conceptos de diseño gráfico para realizar una paginación de lo más profesional de las partituras. Los copistas de música manejan múltiples aspectos de la música como son la forma, el solfeo, los registros de los instrumentos, la armonía y contrapunto. Deben también haber leído muchas partituras, y conocer la teoría musical en general.

Pero, vayámonos a lo que realmente nos atañe en este artículo, y realicemos un pequeño viaje por los orígenes y la historia de esta importante profesión. Para pasar en otro artículo a profundizar en la actualidad de la transcripción de partituras.

De los copistas a mano a los programas de notación musical

Lo cierto es que el trabajo del copista de música ha progresado mucho en el tiempo y ha ido evolucionando con las nuevas tecnologías. Han sido muchos los años que han corrido desde los primeros profesionales que transcribían las partituras a mano, hasta la llegada de los programas de notación musical actuales.

La escritura musical no es una invención moderna, sino el resultado de un largo proceso. Y, según podemos leer en La Historia de la Notación Musical Occidental:

La primera forma de escritura musical se dio entre los siglos VIII y IX , hoy se conoce como notación neumática. Los neumas eran signos elementales que se colocaban sobre cada sílaba del texto y servían de guía para recordar la melodía que debía ser cantada perteneciente a un repertorio conocido de antemano.Los cuatro neumas elementales son: punctum , virga, clivis , podatus Los neumas no indicaban ni la altura relativa del sonido ni el ritmo de la melodía, sino que mostraban el sentido o la dirección que debía tener la línea melódica.

Una historia que cuenta con miles de años, desde que se inventó la escritura y la música pudo comenzar a dejarse grabada. Antes pasaba de padres a hijos oralmente. Como leemos en Origen y Evolución del Lenguaje Musical, de la Dra. Margarita Rodrigo Angulo

Desde antiguo se tiene constancia de la existencia de formas de notación musical; sin embargo, es a partir de la música de la Eda Media, principalmente el Canto Gregoriano, cuando se comienza a emplear el sistema de notación musical que evolucionaría al actual. En el Renacimiento cristalizó con los rasgos más definitivos con que lo conocemos hoy, aunque, como todo lenguaje, ha ido variando según las necesidades expresivas de los usuarios.

Miles de años hasta la situación actual, en la que los ordenadores y programas informáticos han facilitado muchísimo el trabajo. Así, por ejemplo en Dos Acordes, ofrecemos un servicio de transcripción de partituras manuscritas o de ediciones en papel a diferentes programas, según las necesidades del encargo: FinaleSibeliusMusescore

Aspectos clave en la historia de los copistas

Miles de años y de historias de profesionales copistas de música de los que poco se sabe, ya que quedaban rezagados a un segundo plano en protagonismo. Aunque su trabajo haya sido de crucial importancia para la historia de la música.

Alejandro Vera Aguilera (en su estudio sobre los copistas de la Catedral de Chile ) arroja un poco de información sobre estos profesionales y muestra su realidad durante años.

Un bello cuento del escritor norteamericano Spencer Holst titulado, justamente, “El copista de música”. En él relata la historia de un copista activo en Manhattan, probablemente en la década de 1960, que acaba de terminar un trabajo urgente para un famoso intérprete de viola. Cuando concurre a su casa en Long Island, a fin de entregarle personalmente el material que ha preparado, éste le invita a pasar a una fiesta que está celebrando. En ella se encuentra la alta sociedad musical del momento y el copista se siente algo fuera de lugar, considerando sus manchas de tinta en los pulgares y el traje corriente que lleva. Pasado un tiempo, el maestro llama la atención de sus invitados sobre una colección de programas de concierto que posee, de gran valor histórico: en las paredes de su estudio se encuentran enmarcados programas originales de Paganini, Casals y otras leyendas de la música. Entonces el copista comenta que él también tiene en su poder un programa valioso de un concierto muy especial que presenció en Octagon, Ohio. Orgullosamente, exhibe a la concurrencia el ejemplar mimeografiado que lleva en su bolsillo.

Sobre este cuento, el autor, explica la realidad social de los copistas de música en aquella época:

No obstante ser una historia de ficción, el cuento de Holst es pertinente aquí porque da cuenta de la distancia social e intelectual que supuestamente debería existir entre un auténtico maestro de música y un copista, o dicho de otra forma, entre un verdadero artista y un artesano.
El violista sabe que la historia del copista es cierta, pero no puede reconocer ante sus pares que comparte dicha vivencia con él ni menos concederle protagonismo en medio de su propia fiesta. Así mismo, nadie
da crédito a la habilidad musical que el copista se atribuye, pues se supone que un talento como ése solo está reservado a los músicos propiamente dichos.

En el mismo estudio, se nos muestra algunos aspectos en el trabajo de copista:

Los copistas solían trabajar con colaboradores: así lo hicieron, por ejemplo, Francisco Lizondo, copista de la Real Capilla en la segunda mitad del siglo XVII o Wenzel Schlemmer, copista favorito de Beethoven.
Frecuentemente esta colaboración ocurría de a pares: un copista principal tenía a un discípulo a su servicio, a quien había enseñado caligrafía, por lo cual la escritura de ambos resulta hoy difícil de distinguir.
Para aumentar el lío, las manos del texto y la música no siempre eran la misma: Paul Laird afirma que en algunos villancicos españoles de comienzos del siglo XVIII, conservados en El Escorial, el texto fue
copiado por un copista y la música por otros dos.

Mujeres copistas de música

No queremos acabar este artículo sin dejar pasar la importancia del papel de la mujer en este oficio. Y es que aunque en los escritos suenen más los nombres de hombres, al igual que ocurría en todos los ámbitos de la cultura, las mujeres trabajaban en un segundo plano. 

Por eso sabemos que eran muchas las mujeres copistas de música que trabajaban de manera concienzuda.

Por ejemplo, en la Edad Media, muchas monjas transcribían las canciones de las liturgias, para que las interpretaran sus hermanas de congregación. Otra pieza fundamental en la música fue Hildegarda de Bingen en el siglo XII escribió no sólo lo que veía sino también lo que oía. Compuso setenta y siete cantos y un drama litúrgico musical.

Publicado en Publicaciones y etiquetado , , .

Alba Gorgoso Villamarín