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La música como vía de escape durante el confinamiento

¿Ha sido la música una balsa de salvación durante estas semanas de confinamiento?

Los conciertos en vivo a través de redes sociales y otras herramientas, las canciones de toda la vida, cantar… Son algunas de las actividades que nos están ayudando a sobrellevar mejor el confinamiento. Se convierten en momentos de desconexión de la continua información que encontramos en los medios de comunicación. Y en pedacitos de tiempo en los que nos olvidamos de esto que nos ha tocado vivir… En definitiva, la música (así como otras actividades) se ha convertido en una gran aliada en tiempos de Coronavirus…

Y es que, cuando escuchamos música, cambia nuestra percepción de ver las cosas, nuestros sentimientos… De alguna manera, cuando escuchamos canciones alegres, nuestras emociones se tiñen de colores más vivos.  Lo mismo ocurre con las melodías más tristes.

Ahora bien, ¿cuáles son las causas de que la música pueda incidir en nuestras emociones?  

1º La dopamina y la sensación de placer

La primera de las claves la explica la neurociencia a través de la dopamina. Y, nos vamos hasta este artículo de The Conversation (La música amansa el confinamiento), para explicarlo con mayor rigor:

Las características de cada uno de los elementos que componen una obra musical han sido fruto de la evolución biológica y, por lo tanto, seleccionados entre otros muchos sonidos accesibles en el ambiente. Los sonidos sin información selectiva quedaron categorizados como “ruidos”. En cambio, nos quedamos con los sonidos que transmitían información. Esto es, la música y el lenguaje. Todo apunta a que el cerebro ha primado los sonidos que se asocian a conductas adaptativas.

A nivel químico todo eso se traduce en un incremento de la dopamina (neurotransmisor de la recompensa) en los centros cerebrales del placer, similar al que provocan la mayoría de las sustancias adictivas, la comida o el sexo. Valorie Salimpoor y Robert Zatorre, del Instituto Neurológico de Montreal (Canadá), han demostrado con imagen funcional del cerebro que escuchar música activa los centros de recompensa del cerebro anterior, sobre todo el núcleo acumbens (NAc). Incluso antes de que empiece a sonar.

Según se concluye en este artículo:

En suma, si cuando suena la música se ponen en marcha los circuitos cerebrales que van asociados al placer, aumenta el bienestar y crece la confianza psicológica, obtenemos una felicidad momentánea muy valiosa en la actual situación de confinamiento.

Fuente: https://theconversation.com/la-musica-amansa-el-confinamiento-135361
Fuente de la imagen: The Conversation

2º Control del estrés

Otra de las claves que encontramos en el artículo de The Conversation es la música como válvula de escape y control del estrés. Un punto importantísimo durante el confinamiento, en el que nuestros niveles de estés se han visto incrementados en grandes porcentajes. Como mecanismo de defensa que es, se ha activado durante estos meses para prepararnos y defendernos frente a la amenaza del Coronavirus.

Pues bien:

Se ha demostrado que a ritmo lento tiene la capacidad de reducir todos los parámetros asociados al estrés, sobre todo cuando los sujetos analizados son los que escogen las melodías que escuchan. Esto puede ser debido a que la música relajante contiene tonos que evolutivamente han sido asociados a ruidos producidos en circunstancias relajantes, mientras que las músicas trepidantes o épicas se asocian a problemas o amenazas. Por si fuera poco, al escuchar una melodía se generan estados emocionales que reemplazan temporalmente a los sentimientos provocados por el momento presente. Y eso convierte a la música en una excelente válvula de escape del presente incierto y frustrante.

3º Otras propiedades de la música

Hablaremos por último de la capacidad de la música para cambiar  nuestra manera de ver la vida. Consiguiendo incluso una sonrisa dónde no la había al escuchar una canción que nos gusta o nos trae buenos recuerdos, que nos alegra…

Y, por último,  y remitiéndonos de nuevo al artículo:

El cuarto factor que hace que la música “nos mueva por dentro” es, precisamente, que la música evoca movimiento. Al escucharla se activa el sistema motor que reconoce los ritmos y se siente impulsado a realizarlos, es libre para moverse. Entonces, en cierto modo, salimos del confinamiento.

El cerebro es una máquina que funciona generando ritmos de actividad cerebral en sus neuronas y circuitos. Quizás por eso también busca la estructura rítmica en el entorno, los patrones de las cosas. Cuando los identifica obtiene una sensación muy placentera. Se debe a que, al reconocerlos, puede hacer predicciones de las canciones y emocionarse cuando “acierta” en sus vaticinios o sorprenderse cuando lo que suena resuelta inesperado.

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Alba Gorgoso Villamarín