Receta ancestral transmitida por una bruja con mala leche
Esta tarta fue creada hace siglos por una bruja cansada de tres cosas:
- Las hogueras
- Los hornos
- La gente que dice «eso con Thermomix lo haces en cinco minutos»
Es una tarta oscura, poderosa y peligrosamente sencilla. Sirve para seducir, manipular emocionalmente y humillar suavemente a quien dudó de ti en la cocina. Especialmente a tu madre.
Nivel de dificultad: ridículamente fácil. Si esto te sale mal, no es culpa de la magia. Es personal.
Para cuántos comensales: para 8 mortales. O para menos si hay traición, ansiedad o gula.
Ingredientes (extraídos del aquelarre del súper)
- 200 g. de galletas tipo Digestive (las mismas que comen los abuelos y los espíritus antiguos)
- 100 g. de mantequilla a temperatura ambiente (ni fría como tu ex, ni líquida como tus ganas de vivir)
- 250 g. de chocolate negro para postres (cuanto más negro, más respeto infunde)
- 1 litro de leche entera
- 2 sobres de cuajada en polvo (el ingrediente que hace que todo cuaje y nadie entienda cómo)
- 50 g. de azúcar
- 100 g. de chocolate blanco para decorar (para despistar y fingir inocencia)
Preparación (ritual sin fuego)
Paso 1: Castigar las galletas
Introduce las galletas en una bolsa de plástico. Ciérrala bien.
Golpéalas con un rodillo con rencor. Piensa en comentarios como: “eso no es cocinar”, “ya verás cuando tengas hijos”, “esto mi madre lo hacía mejor”
Añade la mantequilla y mezcla hasta obtener una masa compacta, oscura y ligeramente sospechosa. Como arena húmeda. Forra con ella la base y los laterales de un molde desmontable de 25 cm. Aprieta bien. La tarta debe sentir quién manda aquí. Guárdala en la nevera o congelador.
Que repose. Que medite.
Paso 2: El conjuro del chocolate
Trocea el chocolate negro y colócalo en un cazo junto con la leche, el azúcar y los sobres de cuajada.
Calienta durante unos 10 minutos, removiendo constantemente. No dejes de remover, si aparecen grumos, la bruja te juzgará en silencio. Cuando la mezcla esté lisa, brillante y peligrosamente deliciosa, viértela sobre la base de galletas.
Paso 3: El sacrificio del tiempo
Introduce la tarta en la nevera durante cuatro largas horas. Aquí no hay hechizo rápido. La magia necesita frío, paciencia y un poco de sufrimiento.
Paso 4: Fingir maestría
Justo antes de servir, haz virutas de chocolate blanco por encima. Este gesto inútil pero elegante sirve para que alguien diga: “¿La has hecho tú?”
Y tú respondas, misteriosamente: “Sí. Es una receta antigua.”

